El problema de las fuentes de energía.
Todos hemos estamos al día de las últimas medidas de nuestro gobierno para paliar los posibles efectos que deriven de las revoluciones que están teniendo lugar en el mundo árabe: reducción de la velocidad máxima, pequeños descuentos en Renfe, apagado parcial del alumbrado, cambio masivo de bombillas… esas son las que yo he escuchado.
No voy a entrar a juzgar las medidas, que eso ya lo hemos hecho todos por nuestra cuenta propia y hemos sacado conclusiones para todos los gustos, incluso, para nuestra nevera.
Lo que quiero hacer en esta entrada es lanzar la pregunta sobre el gran problema que supone las fuentes de energía sobre las que se sustenta nuestra vida. No ya sólo el petróleo por quien lo produce, la energía nuclear por los residuos que genera, o las renovables por lo que sea, sino el problema que suponen todas ellas por sí mismas.
Vivimos una época complicada, una época de grandes cambios en la que no hay lugar a ser conservador en estos aspectos. Poco a poco aparecen vehículos con propulsiones alternativas a las que llevamos usando desde que se inventó y popularizó el motor de explosión interna. El primer cambio de modelo en esto de los coches (el anterior podría ser entre la máquina de vapor y el motor de cuatro tiempos). Estos vehículos híbridos, o los autobuses impulsados a gas natural son un primer paso, pero algo evidentemente insuficiente a la vista de lo que tenemos que alcanzar.
Eso en cuanto a vehículos terrestres… pero ¿qué hay de barcos y aviones?. Muy bien eso de poner motores eléctricos o híbridos a los coches, camiones, autobuses, trenes, etc, pero cuando no tengamos petróleo ¿con qué se propulsarán los aviones?
De entre todos los ingenios del hombre que han surcados los cielos, tenemos los zepelines (insuficientes para el volumen de viajeros además de lentos), planeadores (idem) y cohetes. Los cohetes se impulsan con hidrógeno… habría que ver hasta qué punto se puede suavizar el empuje de estos motores (y su consumo) como para adaptarlos al sector aeronáutico comercial.
Por sorprendente que parezca también ha habido proyectos de aviones eléctricos con propulsión nuclear, aunque es algo que ya cayó en el olvido hace décadas por cuestiones de peso (el blindaje para la radiación hacía inviable el proyecto), al igual que pasó con el Ford Nucleon. Salvando las distancias, obtendríamos vehículos con autonomía prácticamente ilimitada.
Con los barcos no sería un problema más allá del hecho de que serían reactores nucleares de propiedad particular (del dueño del barco) y si ya hay problemas cuando un país quiere desarrollar un programa nuclear… no hablemos de que haya reactores civiles surcando los mares.
En fin… sin duda alguna aquel que invente una forma de contener grandes cantidades de energía eléctrica en un espacio reducido y a un peso contenido se hará tan millonario como el que haga posible la fusión fría.

